27 de Abril
POR Josselin Melara
Desde la fé
La vida de Santa Lupita nos recuerda que el amor a Dios se hace visible en el servicio humilde a los más necesitados.
En tiempos difíciles, su caridad no se detuvo: Santa Lupita nos enseña que servir siempre transforma vidas, incluso las más endurecidas.
La vida de Santa María Guadalupe García Zavala, conocida como Madre Lupita, es un testimonio de amor a Dios manifestado en el servicio a los más necesitados. Nacida en Zapopan, Jalisco, su historia está marcada por la entrega, la humildad y una caridad sin límites que la llevó a fundar una congregación dedicada a cuidar a los enfermos y a los pobres, incluso en medio de tiempos de persecución religiosa.
Vocación y primeros años de Santa María Guadalupe García Zavala
María Guadalupe nació en Zapopan, Jalisco, el 27 de abril de 1878, hija de Fortino García y Refugio Zavala. Su padre se dedicaba al comercio de artículos religiosos y tenía una tienda frente a la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan, lo que permitió que Lupita, desde niña, frecuentara la iglesia.
Desde temprana edad destacó por su profunda fe, así como por su amor hacia los pobres y las obras de caridad. Con el paso del tiempo se convirtió en una joven alegre, sencilla y servicial. Aunque llegó a comprometerse en matrimonio con Gustavo Arreola a los 23 años, antes de casarse sintió con claridad el llamado de Dios a consagrar su vida al servicio de los demás.
Guiada por su director espiritual, el padre Cipriano Íñiguez, comenzó a discernir su vocación. Él mismo le compartió su deseo de fundar una congregación para atender a los enfermos, invitándola a formar parte de esta misión.
Fundación y entrega a los más necesitados
Junto al padre Cipriano, Lupita fundó la congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, dedicada al cuidado de enfermos en el Hospital de Santa Margarita. Ella misma ejerció como enfermera, atendiendo a los pacientes con ternura, humildad y profunda compasión.
En un hospital con escasos recursos materiales, pero lleno de caridad, la Madre Lupita daba ejemplo al arrodillarse para cuidar a los enfermos, procurando también su bienestar espiritual. Fue nombrada Superiora General, cargo que desempeñó durante toda su vida, dándole a la Congregación el siguiente lema:
“Caridad hasta el sacrificio y constancia hasta la muerte“.
A pesar de haber crecido en una familia con buena posición económica, eligió vivir con sencillez y alegría, enseñando a sus hermanas a amar la pobreza como camino de entrega. Incluso, en momentos de gran necesidad, salió a pedir limosna junto con otras religiosas para sostener la obra.
Caridad en tiempos de persecución
Durante la persecución religiosa en México, especialmente entre 1926 y 1929, la Madre Lupita vivió momentos de gran riesgo. Sin embargo, no dejó de servir: escondió a sacerdotes y protegió incluso al arzobispo de Guadalajara, Don Francisco Orozco y Jiménez, usando el hospital como refugio y escondite.
Su caridad no hizo distinciones. Atendió también a los soldados perseguidores, alimentándolos y curando sus heridas. Este testimonio de amor transformó corazones, al punto de que algunos de ellos terminaron defendiendo a la congregación y a los enfermos.
La Madre Lupita siempre procuró que en el Hospital estuviese encendida la llama de la fe en Cristo. En una ocasión, tuvo que ingeniárselas para custodiar la reserva eucarística sin levantar sospechas de los militares: al cruzarse con ellos, ocultó la Sagrada Comunión en su pecho, musitándole quedamente: “Cuídate, Señor, cuídate”.
Una vida que dejó huella
El 13 de octubre de 1961 celebró 60 años de vida religiosa. Poco después, tras una enfermedad, falleció el 24 de junio de 1963 en Guadalajara, dejando tras de sí una profunda fama de santidad.
Su testimonio trascendió generaciones. Fue canonizada en 2013 por Papa Francisco, y su fiesta litúrgica se celebra el 27 de abril.
Hoy, la congregación que fundó continúa su misión, con presencia en México y otros países, llevando adelante el legado de amor, servicio y entrega que caracterizó toda su vida.
Los milagros tras la canonización de la Madre Lupita
Por: EL INFORMADOR
Son dos los milagros que El Vaticano ha acreditado a la religiosa zapopana, los cuales tuvieron lugar en Guadalajara.
El primer caso se trata de una curación de pancreatitis aguda a Abraham Arce Higareda, en 2004. El hombre llegó al hospital Santa Margarita María en estado grave. Los médicos le indicaron que lo operarían, sin darle garantías de que la intervención arrojara resultados favorables.
“El señor no podía ni caminar por el sólo, tenían que cogerlo, pesaba 134 kilos y quedó como de 42 kilos, haga de cuenta que era una muerte caminando”, relató la madre Imelda Maciel, superiora de la congregación Siervas de Santa Martha María y los Pobres, quien convivió con la esposa del paciente y atestiguó el milagro, pues su congregación labora en dicho nosocomio.
Un día antes de la operación, Abraham pidió a la Madre Lupita que lo “agarrara o lo soltara”, refiriéndose a su necesidad de salud. Momentos después entró por la ventana “un olor a rosas” y el paciente entendió que ella le estaba respondiendo.
“Llegó el doctor a decirle ‘te voy a preparar para mañana operarte’, y dijo 'a mí ya no me vas a operar, a mí la madre ya me hizo el milagro’. En ese momento se abocaron a hacerle todos los estudios y, exactamente, el señor ya estaba sanando”, añadió la superiora.
Ese fue el testimonio que le valió a la Madre Lupita ser beatificada por Benedicto XVI en 2004.
Su segundo milagro fue para la señora Wvintila Godoy Salas, quien llegó al mismo hospital privado con un derrame cerebral, producto de una presión alta.
Luego de que los médicos informaron a sus familiares del estado grave de salud de la mujer y de la urgencia de una cirugía, decidieron trasladarla al Centro Médico de Occidente, pues no contaban con los recursos para hacerlo allí. Pero antes, acudieron a la capilla a encomendarla a la Madre Lupita.
“Una de sus hermanas que se llama Tomasa les dijo a la familia, ‘no lloren, vámonos todos a la capilla y vamos pidiéndole a nuestro señor que la Madre Lupita interceda por ella, y se va a aliviar’. (Después) la llevan al Centro Médico, le hicieron otra tomografía y ya no tenía nada, no la operaron”, atestigua la superiora, quien señala que ambos casos fueron exhaustivamente investigados por la Santa Sede antes de catalogarlos como milagros.
La madre superiora señala que, no obstante los milagros de la Madre Lupita, también hay testimonios de que se aparece a algunos pacientes del Hospital Civil y del Centro Médico, a quienes asiste con lo que necesitan, y no la vuelven a ver
