San Junípero Serra

1 de Julio



Miguel José Serra supo desde el principio de su vida que la fe Católica era de gran importancia. Su infancia fue influenciada por el camino franciscano y pronto se convirtió en su propia forma de vida. El 15 de septiembre de 1731, Miguel José hizo sus votos perpetuos, en una orden franciscana, y eligió el nombre Junípero.

Realizo estudios de teología, y recibió un doctorado en 1742. Algún tiempo después, su celo por difundir el evangelio lo llamaría a una vida de mayor pobreza y se convirtió en misionero franciscano de la población indígena de América. A su llegada, a finales de 1749, sus tareas lo llevaron a conocer a las personas y encontrar donde ellos estuviesen. San Junípero dedicó tiempo a aprender el idioma otomí con el fin de servir mejor a la comunidad y fortalecer aún más su llamado al trabajo evangélico. A través de la gracia del Espíritu Santo y de muchos años de arduo trabajo, Serra desarrolló nueve misiones, que se extendieron por la costa este de la California actual.

Su devoción a Dios, la predicación del Evangelio, así como su celo por la evangelización, es lo que definió su santidad y lo convierte en el Santo patrón ideal para el Instituto. Siguiendo su modelo de enseñanza, el instituto tiene la bendición de presentar una variedad de concentraciones ministeriales y cursos, con el fin de encontrar a los voluntarios de ministerios y laicos donde se encuentran y educarlos en la fe. Igualmente, rezamos para que el celo de San Junípero Serra se encarne y asista a aquellos que enseñan el Evangelio.

El 1 de julio en Estados Unidos se conmemora al Beato Junípero Serra, un franciscano que encabezó varias misiones que hoy se han convertido en grandes ciudades norteamericanas.

Junípero Serra Ferrer nació el 24 de noviembre de 1713 en Petra, Mallorca (España). A los 16 años se convirtió en fraile y cambió su nombre por el de Junípero. En 1749 y motivado por su celo evangelizador partió, junto con veinte misioneros franciscanos, hacia el Virreinato de la Nueva España, nombre colonial de México.

Allí impulsó su labor misionera en el Colegio de Misioneros de San Fernando. Luego de seis meses recibió la aprobación del Virrey para iniciar su misión en Sierra Gorda, un territorio montañoso donde ya habían fracasado algunos franciscanos. En este lugar permaneció 9 años.

En 1767, Carlos III decretó la expulsión de todos los miembros jesuitas de los dominios de la corona, lo que incluía al Virreinato de Nueva España. Los jesuitas, que atendían la población indígena y europea de las Californias, fueron sustituidos por 16 misioneros de la orden de los franciscanos encabezados por fray Junípero.

La comitiva salió de la ciudad de México el 14 de julio de 1767 y embarcó por el puerto de San Blas rumbo a la península de Baja California. Tras una corta travesía arribaron a Loreto, sede de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, que es considerada la madre de las misiones de la Alta y Baja California.

Una vez que llegó la comitiva a la península, determinaron seguir explorando la Alta California para llevar la luz del Evangelio a la población indígena.

El 3 de julio se erigió la Misión de San Carlos de Borromeo. En julio de 1771 se estableció la Misión de San Antonio de Padua y en agosto la de San Gabriel, que se encuentra en la actual área metropolitana de Los Ángeles. El 1 de septiembre de 1772 fundó la misión de San Luis Obispo de Tolosa.

Los misioneros catequizaban a los indígenas, les enseñaban nociones de agricultura, ganadería y albañilería, les proporcionaban semillas y animales y les asesoraban en el trabajo de la tierra.

Junípero Serra falleció en la Misión de San Carlos Borromeo (Monterrey, California), el 28 de agosto de 1784. Sus restos se encuentran en la Basílica de esta misma misión. San Juan Pablo II lo beatificó en 1988 y fue proclamado Santo el 23 de septiembre del 2015 por el Papa Francisco en Estados Unidos. Los franciscanos lo celebran el 28 de agosto.

Dios misericordioso
que llamas a tu pueblo a predicar el Evangelio en todo momento que tu mensaje pueda llegar a los confines de la tierra. Te alabamos por tu siervo San Junípero Serra, el Apostol de California, quien te sirvió con un corazón misionero y amo a su gente hasta el final de su vida. A medida que se eleva a la altura de la santidad entre tus santos, conceda a tu Iglesia santa y pecadora la gracia de seguir sus pasos. Que su ejemplo, nos ayude a perseverar en esta vida para el bien del Evangelio, siempre yendo hacia adelante y nunca mirando hacia atrás. Con todos los santos que nos han precedido e inspirado por su entusiasmo, alegría, y esperanza perdurable. Para abrazar nuestra misión de ser tus discípulos mientras caminamos el camino de la santidaden la jornada hacia tu reino celestial. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.


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San Adolfo de Osnabrück, Obispo

29 de Junio
(1185-1224)



Nació en Tecklenburg, en la provincia de Westfalia, en Alemania, en la familia de los condes de Tecklenburg.
De joven, San Adolfo formó parte del clero de Colonia, hasta llegar a ser canónigo de la catedral.
Un día estuvo de visita en el convento cisterciense de Altenkamp, y quedó fascinado por la penitencia y la vida en soledad de los monjes; se sintió entonces tan atraído por la vida monacal, que permaneció un tiempo en esa comunidad.

Sin embargo, al poco tiempo fue llamado por el mundo exterior. Fuera por sus virtudes cristianas o por la alcurnia de su familia, ocurrió en 1217 que San Adolfo fue electo como obispo de Osnabrück, en la Sajonia Baja.
En su nuevo cargo, San Adolfo se distinguió por su sencillez, ya que había sabido conservar la modestia de la vida monacal. Realizó numerosas curaciones, y abogó especialmente por la protección de los pobres, los leprosos y los enfermos de peste.

Se cuenta que tenía un amigo leproso, al que visitaba en su cueva una vez al año; aunque esto encendió la maledicencia de la gente de Osnabrück, San Adolfo continuó llevándole víveres, medicinas y conversación hasta que el buen hombre falleció.

El culto de San Adolfo de Osnabrück fue aprobado en 1625 por el papa Urbano VIII; a San Adolfo se le representa generalmente en la iconografía con un bastón pastoral.

SAN ADOLFO DE OSNABRÜCK nos enseña el valor de la convicción para ocupar los puestos que la sociedad nos encomienda

Solemnidad de San Pedro y San Pablo

29 de Junio

Cada 29 de junio se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo Apóstoles. Ellos son las dos monumentales figuras sin las cuales la Iglesia Católica, fundada por Cristo, no hubiese podido organizarse ni cobrar la forma que ha adquirido a lo largo de los siglos. Por eso, con toda justicia, a Pedro y a Pablo se les considera sus “pilares” o “columnas”.

Además, dado que ambos apóstoles fueron quienes fundaron la Iglesia de Roma, centro de la cristiandad, esta solemnidad es también “el día del Papa”.

Un día sagrado
Llamar a estos santos mártires “pilares” de la Iglesia no es gratuito. Sobre ellos descansa el “peso” del rebaño de Cristo que peregrina en el mundo como si de columnas de un edificio se tratase. Sin ellos, el “edificio” se vendría abajo. Con ellos, siempre hay equilibrio o balance. Así lo aclara San Agustín en uno de sus sermones:
El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo… Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos”.

Una sola Iglesia: un solo anuncio
En consecuencia, siguiendo al Obispo de Hipona, recordamos también que la unidad de la Iglesia se selló con la sangre del martirio. El primero en derramarla fue Nuestro Señor Jesucristo, quien quiso compartir su sacrificio de amor con los hombres, de la misma manera como puso en manos humanas la misión de conducir la barca que es la Iglesia: así, el Apóstol Pedro fue elegido por Cristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 18).

Y es que la obra de Dios requiere de la cooperación humana. Pedro es entonces “la roca” humilde que sirve de base al Cuerpo Místico de Cristo. Por esta razón, el Papa, Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra, es principio y fundamento visible de unidad, tanto de los obispos como de la multitud de fieles. El Obispo de Roma, el Papa, es Pastor de toda la Iglesia y tiene potestad plena, suprema y universal. Hoy se festeja, en particular, a quien encarna esa misión en la actualidad, el Sumo Pontífice Papa Francisco.

Asimismo, en armonía con lo expresado desde antiguo por los fieles, hoy celebramos a San Pablo, el ‘Apóstol de los gentiles’: quien fuera por un tiempo perseguidor de cristianos, y que después daría un vuelco total de vida, convirtiéndose él después en el más ardoroso evangelizador, entregado a esa misión sin reservas.

Pedro y Pablo: el sello de la unidad
Tal como recordó el Papa Benedicto XVI en el año 2012: “La tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a San Pedro y a San Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo… Aunque humanamente muy diferentes el uno del otro, y a pesar de que no faltaron conflictos en su relación, han constituido un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio, un modo auténtico hecho posible por la gracia del Evangelio de Cristo que actuaba en ellos. Sólo el seguimiento de Jesús conduce a la nueva fraternidad”.

Pidamos a estos dos santos apóstoles que intercedan por la fidelidad de todos los miembros de la Iglesia.