Santos Proto y Jacinto

11 de Septiembre


Los santos Proto y Jacinto son mártires cristianos del siglo III cuya festividad se celebra el 11 de septiembre.

Datos principales
Quiénes eran: Según la tradición y los antiguos escritos de la Iglesia, eran hermanos o esclavos cristianos que vivieron en Roma.
Martirio: Murieron por su fe cristiana, posiblemente durante las persecuciones del emperador Valeriano o en el siglo III en la Vía Salaria de Roma.
Veneración: El papa San Dámaso I les escribió un famoso epitafio poético en su honor, llamándolos hermanos en la fe y alabando su valor. Sus restos fueron descubiertos posteriormente en catacumbas romanas.
Tradición y leyenda: Relatos antiguos y piadosos los vinculan a la conversión de Santa Eugenia de Roma, a quien habrían acompañado y guiado en la fe

Durante casi 1,600 años, una pequeña tumba permaneció escondida bajo tierra, en una antigua necrópolis romana. Nadie imaginaba que, al ser descubierta, guardaría los restos de uno de los primeros mártires cristianos.

El 21 de marzo de 1845, el jesuita y arqueólogo Giuseppe Marchi encontró una inscripción latina que decía: «Jacinto mártir, sepultado el 11 de septiembre». Poco después apareció la tumba intacta. En su interior estaban los huesos calcinados de san Jacinto, envueltos en una fina tela. El examen de los restos confirmó huellas de quemaduras, lo que coincide con la antigua tradición de que fue martirizado con fuego.

De san Proto y san Jacinto conocemos con certeza muy poco: sus nombres, el lugar de su sepultura y la fecha de su muerte, el 11 de septiembre. También sabemos que su culto es muy antiguo y que ya eran venerados en Roma desde los primeros siglos. El papa san Dámaso, en el siglo IV, les dedicó un epitafio y los llamó hermanos.

Según la tradición, eran hermanos y esclavos cristianos que ayudaron a transmitir la fe y terminaron dando la vida por Cristo. Aunque algunos detalles de esta historia pertenecen a la tradición piadosa y no pueden comprobarse históricamente, su martirio y su antigua veneración sí están documentados.

Hoy, los restos de san Jacinto se conservan en Roma. Quizá lo más impresionante no sea solamente haber encontrado una tumba después de tantos siglos, sino descubrir que la memoria de aquellos cristianos permaneció viva.