San Juan Crisóstomo

13 de Septiembre


Juan Crisóstomo (griego: Ἰωάννης ὁ Χρυσόστομος, latín: Ioannes Chrysostomus) o Juan de Antioquía (latín: Ioannes Antiochensis; Antioquía, 347-Comana Pontica, 14 de septiembre de 407)[2] fue un clérigo cristiano eminente, patriarca de Constantinopla, considerado por la Iglesia católica uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia del Oriente. La Iglesia ortodoxa griega lo valora como uno de los más grandes teólogos y uno de los tres pilares de esa Iglesia, juntamente con Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno. Por su formación intelectual y su origen, es el único de los grandes Padres orientales que procede de la Escuela de Antioquía.

Este Padre de la Iglesia fue famoso por sus discursos públicos y por su denuncia de los abusos de las autoridades imperiales y de la vida licenciosa del clero bizantino. Su enfrentamiento con la corte del emperador Arcadio y de su esposa Elia Eudoxia resultó en su destierro. Reinstalado en su sede episcopal temporalmente, fue por último depuesto y exiliado hasta su muerte. Un siglo después, Juan de Constantinopla recibió el título por el que le conoce la posteridad: Juan Crisóstomo. Ese término proviene del griego chrysóstomos (χρυσόστομος) [jrisóstomos], y significa ‘boca de oro’ (χρυσός: jrüsós 'oro' y στόμα: stoma 'boca') en razón de su extraordinaria elocuencia que lo consagró como el máximo orador entre los Padres griegos.

Es venerado como santo en las iglesias Iglesia ortodoxa, ortodoxa oriental, católica, anglicana y luterana, así como en algunas otras. Los ortodoxos orientales, junto con los bizantinos católicos, lo tienen en especial consideración como uno de los Tres Santos Jerarcas (junto con Basilio de Cesarea y Gregorio Nacianceno). Junto con ellos y Atanasio de Alejandría, también es considerado uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia griegos. 

Las fiestas de Juan Crisóstomo en la Iglesia Ortodoxa son el 14 de septiembre, el 13 de noviembre y el 27 de enero. En la Iglesia católica, se le reconoce como Doctor de la Iglesia. Debido a que la fecha de su muerte coincide con la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz (14 de septiembre), el Calendario romano general lo celebra desde 1970 el día anterior, 13 de septiembre; desde el siglo XIII hasta 1969 lo hacía el 27 de enero, aniversario de la traslación de su cuerpo a Constantinopla. De otras iglesias occidentales, incluidas las provincias anglicanas y las iglesias luteranas, algunas lo conmemoran el 13 de septiembre y otras el 27 de enero. Juan Crisóstomo es honrado en los calendarios de la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia episcopal el 13 de septiembre. La Iglesia copta ortodoxa también lo reconoce como santo (con festividades el 16 de Thout y el 17 de Hathor)

Biografía
Primeros años y formación
Nació en Antioquía (Siria), (actual Antakya, Hatay, Turquía) hacia el año 347. En aquel entonces, dicha ciudad era la segunda más importante del Imperio Romano de Oriente. El padre de Juan, Secundo, era un alto oficial del ejército romano y murió poco tiempo después del nacimiento de Juan por lo que su hermana mayor y él quedaron totalmente a cargo de Antusa, la madre cristiana de ambos si bien diferentes estudiosos describen a su madre Antusa como pagana o como cristiana.

Juan fue bautizado en 368 o 373, y tonsura como lector (una de las órdenes menores de la Iglesia). A veces se dice que fue mordido por una serpiente cuando tenía diez años, lo que le provocó una infección. A la edad de 23 años, y fue ordenado lector (una de las órdenes menores de la Iglesia). Comenzó estudios con el filósofo Andragatio y, como resultado de las influyentes conexiones de su madre en la ciudad, Juan comenzó su educación con el retórico Libanio, que entonces era un famoso orador y el más ferviente partidario del paganismo romano. De Libanio, Juan adquirió las habilidades necesarias para dedicarse a la retórica, así como el amor por la lengua griega y la literatura. Finalmente, se convirtió en abogado.

Libanio quedó maravillado con la elocuencia de su discípulo y previó para el mismo una brillante carrera como estadista o legislador. Sin embargo, un encuentro con el obispo Melecio resultó decisivo en la vida de Juan, quien comenzó a estudiar teología con Diodoro de Tarso (uno de los líderes de la antigua escuela de Antioquía) mientras mantenía un ascetismo extremo.

A medida que fue creciendo, Juan se comprometió más profundamente con el cristianismo y pasó a estudiar teología con Diodoro de Tarso, fundador de la reconstituida Escuela de Antioquía. Según el historiador cristiano Sozomeno, Libanio habría dicho en su lecho de muerte que Juan habría sido su sucesor «si los cristianos no nos lo hubieran quitado».

Juan vivió en un ascetismo extremo y se convirtió en ermitaño alrededor del año 375; pasó los dos años siguientes de pie continuamente, durmiendo muy poco y memorizando la Biblia. Como consecuencia de estas prácticas, su estómago y sus riñones sufrieron daños permanentes y su mala salud le obligó a regresar a Antioquía.

Diaconado y servicio en Antioquía
No obstante, las ansias de una vida más perfecta lo llevaron a convertirse en un eremita (alrededor de 375) condición en la que permaneció hasta que su quebrantada salud por excesivas vigilias y ayunos durante el invierno lo obligaron a volver a Antioquía donde retomó su actividad como lector. Crisóstomo fue siempre un admirador de un monaquismo activo y utilitario y se pronunció contra los peligros de una contemplación ociosa.

Juan fue nombrado por primera vez lector en la iglesia de Antioquía por Zenón de Verona a su regreso de Jerusalén. Más tarde, en 381, fue ordenado diácono por el obispo Melecio de Antioquía, que en aquel momento no estaba en comunión con Alejandría y Roma. Tras la muerte de Melecio, Juan se separó de los seguidores de este, sin unirse a Paulino II de Antioquía, rival de Melecio por el obispado de Antioquía. Tras la muerte de Paulino II (388), fue ordenado presbítero (sacerdote) por Evagrio de Antioquía, sucesor de Paulino por la facción de Eustacio de Antioquía en la ciudad. Más tarde, estaba destinado a lograr la reconciliación entre Flaviano I de Antioquía, Alejandría y Roma, lo que llevó a la comunión entre esas tres sedes por primera vez en casi setenta años.

En Antioquía, a lo largo de doce años (386-397), Juan ganó popularidad gracias a la elocuencia de sus discursos públicos en la Iglesia Dorada, la catedral de Antioquía, especialmente por sus perspicaces exposiciones de pasajes bíblicos y enseñanzas morales. Las obras más valiosas de este periodo son sus homilías sobre varios libros de la Biblia. Hacía hincapié en la caridad y se preocupaba por las necesidades espirituales y temporales de los pobres. Se pronunció en contra del abuso de la riqueza y la propiedad personal:
«¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo ignores cuando está desnudo. No le rindas homenaje en el templo vestido con seda, para luego descuidarlo fuera, donde pasa frío y está mal vestido. El que dijo: «Este es mi cuerpo» es el mismo que dijo: «Me visteis hambriento y no me disteis de comer», y «Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»... ¿De qué sirve que la mesa eucarística esté repleta de cálices de oro cuando tu hermano se muere de hambre? Empieza por saciar su hambre y luego, con lo que sobre, puedes adornar también el altar.
Su comprensión directa de las Escrituras, en contraste con la tendencia alejandrina hacia la interpretación alegórica de la Biblia, significaba que los temas de sus charlas eran prácticos y explicaban la aplicación de la Biblia a la vida cotidiana. Esta predicación directa ayudó a Crisóstomo a ganarse el apoyo popular.

Con el transcurso del tiempo Crisóstomo llegó a ser el sucesor de Flaviano I. Durante su misión como obispo mostró gran preocupación por las necesidades espirituales y materiales de los pobres. También se pronunció en contra de los abusos de los poderosos y de la propiedad personal. Su interpretación directa de las Escrituras (en contraste con la tendencia de Alejandría donde se recurría a una interpretación alegórica) lo condujo a seleccionar para sus charlas temas eminentemente sociales que explicaban el concepto de la vida cristiana.

Un incidente que ocurrió durante su servicio en Antioquía ilustra la influencia de sus homilías. Cuando Crisóstomo llegó a Antioquía, Flaviano, el obispo de la ciudad, tuvo que intervenir ante el emperador Teodosio I en nombre de los ciudadanos que se habían rebelado y mutilado las estatuas del emperador y su familia. Durante las semanas de Cuaresma de 387, Juan predicó más de veinte homilías en las que suplicaba al pueblo que reconociera el error de sus actos. 

Estas homilías causaron una impresión duradera en la población general de la ciudad: muchos paganos se convirtieron al cristianismo como resultado de ellas. La ciudad se libró finalmente de graves consecuencias. A la muerte de Nectario el 27 de septiembre de 397 fue instituido de cierta forma en contra de su voluntad como metropolitano de Constantinopla (por su calidad de villa imperial, el metropolitano de Constantinopla recibió posteriormente el título de Patriarca). Para poder abandonar la ciudad de Antioquía, en donde era tan querido, una escolta militar tuvo que acompañarlo para así evitar la conmoción del pueblo. Quedó instituido como metropolitano el 26 de febrero de 398 por Teófilo, patriarca de Alejandría, quien con gran desgano llevó a cabo el pedido del emperador Arcadio.

Dignos de mencionar son los comentarios que hizo a pasajes bíblicos y la exposición de enseñanzas morales muchas de ellas recopiladas en sus Homilías.

Obispo de Constantinopla
Constantinopla, fundada por Constantino I el Grande en 330 en el lugar que ocupaba Bizancio, al convertirse en la capital del Imperio Romano de Oriente pasó a ser la principal sede episcopal del Oriente y se convirtió en el centro de la teología oficial, las intrigas palaciegas y las controversias teológicas. A Crisóstomo le desagradaban los privilegios que le habían sido conferidos por su condición de metropolitano. Durante su mandato se negó a ofrecer recepciones suntuosas y criticó el alto nivel de vida que llevaba el clero. Sus esfuerzos por reformar la Iglesia de Constantinopla chocaron con la oposición de los poderosos y del clero corrupto y tuvieron poco éxito aunque incrementaron su popularidad entre las personas comunes. Su estancia en Constantinopla resultó muy difícil.

Juan Crisóstomo enfrentándose a Aelia Eudoxia, en una pintura anticlerical del siglo XIX de Jean-Paul Laurens.
En otoño de 397, Juan fue nombrado arzobispo de Constantinopla, tras haber sido propuesto sin su conocimiento por el eunuco Eutropio. Tuvo que abandonar Antioquía en secreto por temor a que la marcha de una figura tan popular provocara disturbios civiles.

Durante su mandato como arzobispo, se negó rotundamente a organizar fastuosas reuniones sociales, lo que le granjeó la simpatía del pueblo llano, pero le granjeó la antipatía de los ciudadanos ricos y del clero. Sus reformas del clero tampoco fueron bien recibidas. Ordenó a los predicadores regionales que visitaban la ciudad que regresaran a las iglesias a las que debían servir, sin ninguna compensación económica. También fundó varios hospitales en Constantinopla.

Su estancia en Constantinopla fue más tumultuosa que la que pasó en Antioquía. Teófilo I de Alejandría, patriarca de Alejandría, quería someter Constantinopla a su dominio y se opuso al nombramiento de Juan para Constantinopla. Teófilo había castigado a cuatro monjes egipcios (conocidos como «los hermanos altos») por apoyar las enseñanzas de Orígenes. Estos huyeron y fueron a Juan, quien les dio la bienvenida. Por lo tanto, Teófilo acusó a Juan de ser demasiado parcial con las enseñanzas de Orígenes. Se ganó otra enemiga en Aelia Eudoxia, esposa del emperador Arcadio, quien supuso que las denuncias de Juan sobre la extravagancia en la vestimenta femenina iban dirigidas a ella. Eudoxia, Teófilo y otros de sus enemigos celebraron un sínodo en 403 (el Sínodo del Roble) para acusar a Juan, en el que se utilizó en su contra su conexión con Orígenes. El resultado fue su destitución y destierro. Arcadio lo llamó de vuelta casi inmediatamente, ya que el pueblo se «alborotó» por su partida, llegando incluso a amenazar con quemar el palacio imperial. La noche de su detención hubo un terremoto, que Eudoxia interpretó como una señal de la ira de Dios, lo que la llevó a pedir a Arcadio que readmitiera a Juan.

La paz duró poco. Se erigió una estatua de plata de Eudoxia en el Augustaion, cerca de la Santa Sofía constantiniana, su catedral. Juan denunció las ceremonias de dedicación como paganas y se pronunció en términos duros contra la emperatriz: «De nuevo Herodías delira, de nuevo baila y de nuevo desea recibir la cabeza de Juan en una bandeja», una alusión a los acontecimientos bíblicos que rodean la muerte de Juan el Bautista. Una vez más fue desterrado, esta vez al Cáucaso en Abjasia. Su destierro provocó disturbios entre sus partidarios en la capital, y en los enfrentamientos se incendió la catedral construida por Constancio II, lo que obligó a construir una segunda catedral en el mismo lugar, la Santa Sofía de Teodosio.

Alrededor del año 405, Juan comenzó a prestar apoyo moral y financiero a los monjes cristianos que aplicaban las leyes antipaganas de los emperadores, destruyendo templos y santuarios en Fenicia y regiones cercanas.

Exilio y muerte
Las causas del exilio de Juan no están claras, aunque Jennifer Barry sugiere que tienen que ver con sus conexiones con el arrianismo. Otros historiadores, entre ellos Wendy Mayer y Geoffrey Dunn, han argumentado que «el exceso de pruebas revela una lucha entre los bandos johannita y anti-johannita en Constantinopla poco después de la partida de Juan y durante algunos años después de su muerte». Ante el exilio, Juan Crisóstomo escribió una petición de ayuda a tres eclesiásticos: El papa Inocencio I; Venerio de Milán, obispo de Mediolanum (Milán); y Cromacio, obispo de Aquilea. En 1872, el historiador eclesiástico William Stephens escribió:
El patriarca de Roma Oriental apela a los grandes obispos de Occidente, como defensores de una disciplina eclesiástica que él mismo confiesa ser incapaz de hacer cumplir o de ver alguna posibilidad de establecer. El patriarca de la Nueva Roma no siente envidia alguna del patriarca de la Antigua Roma. Se corteja la interferencia de Inocencio, se le concede cierta primacía, pero al mismo tiempo no se le trata como árbitro supremo; se le solicita ayuda y simpatía como a un hermano mayor, y otros dos prelados de Italia son destinatarios conjuntos con él del llamamiento
El papa Inocencio I protestó por el destierro de Juan de Constantinopla a la ciudad de Cucusus (Göksun) en Capadocia, pero fue en vano. Inocencio envió una delegación para interceder en nombre de Juan en 405. Estaba dirigida por Gaudencio de Brescia; Gaudentius y sus compañeros, dos obispos, encontraron muchas dificultades y nunca lograron su objetivo de entrar en Constantinopla.

Juan escribió cartas que aún tenían gran influencia en Constantinopla. Como resultado de ello, fue exiliado de Cucusus (donde permaneció desde 404 hasta 407) a Pitiunt (Pityus) (en la actual Georgia). Nunca llegó vivo a su destino, ya que murió en Comana Pontica (la actual Gümenek, Tokat, Turquía) el 14 de septiembre de 407 durante el viaje. Murió en el presbiterio o comunidad del clero perteneciente a la iglesia de San Basilisco de Comana. Se dice que sus últimas palabras fueron «Δόξα τῷ Θεῷ πάντων ἕνεκεν» («Gloria a Dios por todas las cosas»).

Oposición, deposición y muerte
Teófilo, el patriarca de Alejandría, quería someter a Constantinopla a su poder y se opuso al liderazgo de Crisóstomo. Como era un fuerte oponente de las enseñanzas de Orígenes, Teófilo acusó a Crisóstomo de parcialidad ante las enseñanzas de ese maestro y sacó provecho del episodio de cuatro monjes de Egipto, los llamados cuatro hermanos largos (Dióscoro, Ammón o Ammonio, Eusebio y Eutimio, conocidos por su saber y su piedad), a quienes había condenado por su apoyo a las teorías de Orígenes. Dichos monjes huyeron de la represalia de Teófilo y fueron acogidos por Crisóstomo en Constantinopla. Además Crisóstomo se ganó a otro enemigo en la persona de la emperatriz Elia Eudoxia, esposa de Arcadio, que se vio identificada con las críticas del metropolitano contra las extravagancias en el vestir de las mujeres.

Se puede decir que Crisóstomo se caracterizó por denunciar las ofensas de las instancias superiores y su actitud condujo a que se creara una alianza en su contra entre Eudoxia, Teófilo y el clero molesto quienes convocaron un sínodo en 403 y acusaron a Crisóstomo de favorecer las enseñanzas de Orígenes. El Sínodo de la Encina (Synodus ad quercum) se pronunció por la deposición de Crisóstomo.

Sin embargo al poco tiempo fue restituido por Arcadio temeroso de la ira del pueblo y porque un incidente que ocurrió en palacio la emperatriz lo atribuyó a la ira de Dios. Sin embargo la paz fue corta. Una estatua de plata que Eudoxia se hizo erigir frente a la catedral fue denunciada por Crisóstomo y una vez más fue suspendido y enviado a una región lejana en la frontera con Armenia. Las frecuentes deposiciones de las que fue objeto en vida demuestran la influencia del poder temporal sobre la Iglesia de Oriente en dicho período, a la par de la rivalidad entre Constantinopla y Alejandría por ser reconocidas como la sede principal del Oriente. Las hostilidades entre los patriarcas de ambas urbes fueron causa de grandes sufrimientos y rupturas dentro de la Iglesia.