Es la primera santa nacida en América, su historia empieza en la Lima colonial en 1586. A Isabel Flores le ponen el sobrenombre de "Rosa" por su belleza. Sus padres se esfuerzan por educarla en la fe, inclinada a la contemplación. Pero Santa Rosa es testigo de las necesidades de los que le rodean, entra como terciaria en la Orden de Predicadores y vive la compasión con aquellos que le rodean, en un servicio alegre y generoso. Muere con treinta y un años en 1617.
¿Cuándo se celebra a Santa Rosa de Lima: el 23 o el 30 de agosto?
Santa Rosa de Lima partió al cielo un 24 de agosto de 1617, en la fiesta de San Bartolomé Apóstol, tal como ella lo había predicho. Entonces, ¿por qué se le celebra el 23 de agosto en unos lugares y el 30 en otros? No se trata de una equivocación, sino de un calendario y de una costumbre especial.
De acuerdo al historiador José Antonio Benito, colaborador de la Enciclopedia Católica, el Papa Clemente X, quien canonizó a Santa Rosa de Lima en 1671, fijó su fiesta en la Iglesia universal para el 30 de agosto.
Aunque usualmente la conmemoración de un santo coincide con el día de su partida al cielo, no se le podía dar el 24 porque ya era fiesta de San Bartolomé.
La fecha más cercana libre en el calendario de la Iglesia era el 30, de modo que se optó por ese día.
Por otro lado, según el historiador, tras el Concilio Vaticano II se reordenó el calendario litúrgico, y en 1969 se aprobó uno nuevo. Se mantuvo, no obstante, el principio de que la fiesta de cada santo debía celebrarse en la fecha en que murió, salvo que la Conferencia Episcopal del país vea oportuno otro día.
De esta manera, se dispuso que a Santa Rosa de Lima se le conmemore el 23 de agosto, probablemente porque era el día más cercano a la fecha de su fallecimiento. Además, el 24 continuó siendo día de San Bartolomé.
Sin embargo, en el Perú y en muchos otros países la tradición estaba tan arraigada que se decidió conservar el 30 de agosto como fiesta solemne de la primera santa de América.
Biografía de Santa Rosa de Lima
Isabel Flores de Oliva, que por su belleza recibió popularmente el nombre de "Rosa" al que ella añadió "de Santa María", nació en Lima en 1586. La sociedad de su época, propia de un periodo colonial, esta orientada en varios aspectos por el ideal de tener más. Hay allí familias pudientes, otras de pequeños propietarios y la gran mayoría de campesinos, negros y mulatos, que son tratados como esclavos. La familia de Rosa es de pequeños propietarios. Los padres de Rosa se esfuerzan en darle una seria educación humana además de proporcionarle una sólida formación en la fe.
Isabel es la décima de los trece hijos de los Flores de Oliva, de origen noble español afincados en Perú. El nombre de Rosa se debe a su belleza desde pequeña - según algunas fuentes fue su mamá la que empezó a llamarla así y según otras, una criada india-. Con el nombre de Rosa recibió la confirmación y a los veinte años vistió el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo, como Santa Catalina de Siena, su modelo de vida. A Rosa se añadió entonces el nombre de ‘Santa María’, expresando el tierno amor que siempre la unió a la Virgen, a la que acudía en cada instante, rogando su amparo.
Pobre para los pobres
Santa Rosa conoció la pobreza cuando su padre fracasó en sus negocios. Trabajó duramente como empleada, en el huerto y como bordadora, hasta bien entrada la noche, llevando a las casas de los compradores la Palabra de Cristo y su anhelo de bien y justicia en la sociedad peruana de entonces. En casa de sus padres creó como un albergue para los necesitados, donde asistía a niños y ancianos abandonados, sobre todo a los indios y mestizos. Ya desde pequeña anhelaba consagrarse a Dios en la vida de clausura, pero permaneció «virgen en el mundo» y como terciaria dominica se encerró a vivir en una celda o ermita de pocos metros cuadrados, en el jardín de su hogar paterno, de la que salía sólo para las celebraciones religiosas, y en la que transcurría gran parte de sus días rezando en estrecha unión con el Señor.
«Dedícame todo tu amor…»
Mientras rezaba ante una imagen de la Virgen María con Jesús en los brazos, un día, Rosa escuchó que el Niño le dijo: «Rosa dedícame todo tu amor…». No lo dudó: desde entonces, Jesús fue su amor exclusivo hasta su muerte, un amor cultivado en la virginidad, en la oración y en la penitencia. Solía repetir: «Mi Dios, puedes aumentar mis sufrimientos, con tal de que aumentes mi amor a ti». Es el significado redentor de la Pasión de Cristo, que percibió claramente: el dolor vivido con fe redime, salva. Y el dolor del hombre puede asociarse al dolor salvífico de Cristo. Es un cambio interior que coincidió con la lectura de Santa Catalina, de la que aprendió el amor a la sangre de Cristo y el amor a la Iglesia.
Y fue precisamente en su ermita en el jardín donde Santa Rosa revivió en su carne la pasión de Jesús, con dos intenciones: la conversión de los españoles y la evangelización de los indios.
Devoción y año jubilar
Se le atribuyen mortificaciones y castigos corporales de todo tipo, pero también tantas conversiones y milagros. Uno, entre ellos, la fallida invasión de piratas holandeses en Lima, en 1615. Cuando estaba viva aún, Rosa fue examinada por una comisión mixta de religiosos y científicos que juzgaron sus experiencias místicas como verdaderos «dones de gracia». Cuando murió, debido a su fama de santidad, una gran multitud de personas acudió a su funeral, Rosa ya era santa. Murió sólo después de haber renovado sus votos religiosos, repitiendo varias veces: «¡Jesús, que estés siempre conmigo!». Era la noche del 23 de agosto de 1617.
Después de su muerte, cuando su cuerpo fue trasladado a la Capilla del Rosario, la Virgen de la estatua ante la cual la Santa había rezado tantas veces, le sonrió por última vez. La multitud de personas que estaba presente gritó al milagro.
En 1668, Rosa fue beatificada por el Papa Clemente IX y canonizada tres años más tarde.
Es la primera Santa canonizada del Nuevo Mundo y es la patrona del Perú, de América, de las Indias y de Filipinas.
Es invocada como patrona de los floristas y jardineros, contra las erupciones volcánicas y en caso de heridas o para solucionar conflictos familiares.
Lima tiene una comunidad pionera en la evangelización: el convento de Santo Domingo. Allí los seglares pueden participar en la liturgia, reunirse a meditar la Palabra de Dios y colaborar temporalmente en los puestos misionales o "doctrinas".
Santa Rosa de Lima en su interior vive un dilema: por un lado siente vocación de religiosa contemplativa y, por otros, percibe la imperiosa llamada a realizar esta vocación en el interior de su familia, trabajando por el Reino de Dios desde fuera del convento. A sus 20 años encuentra el camino: ser pobre por la fraternidad universal ingresando en la Orden de Predicadores, en su movimiento seglar.
Como dominica seglar da clases a los niños, incluyendo aprendizaje de instrumentos musicales (guitarra, arpa, cítara), cultiva el huerto de casa u trabaja en costura. De esta forma aporta al sostenimiento de su familia amenazada con estrecheces económicas. En aquel hogar la vida es sencilla, pero lo necesario nunca falta.
Participa en la Eucaristía en el Convento de Santo Domingo. Al fondo de su casa construye una cabaña con el fin de asimilar más el Evangelio en la oración; allí entra en comunión con Dios, con los hombres y con la naturaleza. Sólo Dios la va retribuyendo y ella se va forjando como mujer de "contemplación en lo secreto". A esto une una serie de mortificaciones.
Explica en sus escritos que la mortificación es necesaria para ser saciados por el Espíritu de Dios, para vivir orientados por el Espíritu Santo, para renovar la faz de la tierra a partir de uno mismo. Frente a sus prójimos es una mujer comprensiva: disculpa los errores de los demás, perdona las injurias, se empeña en hacer retornar al buen camino a los pecadores, socorre a los enfermos. Se esfuerza en la misericordia y la compasión.
La vida de Santa Rosa de Lima y su espiritualidad
Santa Rosa de Lima fue celebrada como la primera flor de santidad de América, destacándose por oración y penitencia. Dotada de grandes cualidades y dotes de ingenio, ya desde niña se consagra al Señor con voto de virginidad. Siente profunda veneración por Santa Catalina de Siena, con quien presenta una sorprendente afinidad, por ello decide, en 1606, inscribirse en la Orden Seglar Dominicana para dedicarse más plenamente a la perfección evangélica.
Amante de la soledad, dedica gran parte del tiempo a la contemplación deseando también introducir a otros en los arcanos de la "oración secreta", divulgando para ello libros espirituales. Anima a los sacerdotes para que atraigan a todos al amor a la oración. Recluida frecuentemente en la pequeña ermita que se hizo en el huerto de sus padres, abrirá su alma a la obra misionera de la Iglesia con celo ardiente por la salvación de los pecadores y de los "indios". Por ellos desea dar su vida y se entrega a duras penitencias, para ganarlos a Cristo. Durante quince años soportará gran aridez espiritual como crisol purificador. También destaca por sus obras de misericordia con los necesitados y oprimidos.
Santa Rosa de Lima arde en amor a Jesús en la Eucaristía y en honda piedad para con su Madre, cuyo rosario propaga con infatigable celo, estimando que todo cristiano "debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón".










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