Lorenzo = "Coronado de laurel". (Latino)
Nació en Osca en España, en el año 226, de nobles. Era uno de los siete diáconos de Roma.
Se dedicó a ayudar a los pobres y a servir al papa Sixto II. En el año 257 el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte.
El 6 de agosto el Papa San Sixto estaba celebrando la santa Misa en un cementerio de Roma cuando fue asesinado junto con cuatro de sus diáconos por la policía del emperador y cuatro días después sería martirizado su diácono San Lorenzo.
Los romanos oyeron que Lorenzo iba a vender los bienes de la Iglesia y repartir el dinero entre los pobres, entonces lo detuvieron y lo llevaron ante el Emperador de Roma.
El emperador le preguntó a Lorenzo quién era, de dónde venía y dónde había ocultado los tesoros de la iglesia.
Él le contestó, que era cristiano nacido en España, Lorenzo le pidió que le diera tres días de plazo para reunir los tesoros de la Iglesia y en esos días vendió los bienes de la Iglesia y repartió el dinero entre los pobres y al tercer día se presentó con un séquito de indigentes, lisiados, viudas y vírgenes consagradas ante el emperador y le dijo: éste es el verdadero tesoro de la Iglesia.
El emperador se enfureció porque interpretó que las palabras de Lorenzo eran un insulto. Y ordenó al prefecto que lo torturaran de la manera MÁS DOLOROSA y encendieron una parrilla de hierro y ahí lo acostaron, el mártir dijo al juez: "Ya estoy asado por un lado ahora que me vuelvan hacia el otro lado para quedar asado por completo".
Cuando sintió que ya estaba completamente asado exclamó: "La carne ya está lista, pueden comer".
Y con una tranquilidad que nadie había imaginado rezó por la conversión de Roma y la difusión de la religión de Cristo en todo el mundo, y exhaló su último suspiro.
Su martirio fue el 10 de agosto del año 258.
PATRONO: de los cocineros, bibliotecarios, comediantes, curtidores; es también el tercer patrón de Roma y patrón de muchas ciudades alrededor del mundo.
San Lorenzo ruega por nosotros
SAN LORENZO Y EL SANTO GRIAL
Según el escrito de Donato que narra la vida de San Lorenzo, el Papa Sixto II le había encargado guardar a salvo el cáliz de la última cena pascual del Señor. San Lorenzo, junto con otras reliquias, se lo habría entregado a un amigo hispano con el encargo de hacérselo llegar a su familia en Huesca. Este cáliz tras diversos avatares de la historia puede que sea el que venera en la catedral de Valencia y que los Papas San Juan Pablo II y Benedicto XVI usaron en sus visitas a la ciudad del Túria.
SAN LORENZO EN EL RITO MOZÁRABE
Prácticamente en la totalidad de los calendarios de los documentos que nos han llegado existe el 10 de agosto la fiesta de San Lorenzo que se celebra junto con el Papa Sixto II:
«Sixto, ejerciendo su oficio recoja y te ofrezca nuestros dones; Lorenzo, ejerciendo también su ministerio, nos alcance los remedios que pedimos. Aprendamos de aquél lo que él mismo hizo: colocar por ti su cabeza en el tajo; aprendamos de éste a no dejarnos sofocar por las llamas del mundo.
Por aquél gocemos de la madurez de juicio propia de los ancianos; por éste, ocupando nuestros puestos en la lucha vigorosa de las liviandades. Así Sixto podrá ofrecernos para ser santificados en tu altar y seremos dignos de recibir de manos de Lorenzo el cáliz de salvación para el perdón de los pecados» (Alia).
La narrativa característica de las oraciones hispano-mozárabes nos lleva a escuchar en ocasiones no solo aspectos teológicos o espirituales de la vida de los santos sino también anecdóticos o históricos; de ellos sale una reflexión espiritual. Tal es el caso de San Lorenzo y la anécdota de su martirio en que el mismo advierte que su cuerpo ya se ha quemado por un lado y es hora de que se queme por el otro: «Lorenzo exhaló su espíritu entre las llamas, después de advertir que dieran vuelta a su cuerpo asado en la parrilla» (Post Nomina). O también el dato de los días que separaron los martirios de los Santos Lorenzo y Sixto: «Pues aunque hubiera intervalos de dos o tres días en sufrir el martirio según tú lo fuiste disponiendo, lució en ellos la misma fe valerosa para alcanzar el trofeo de las promesas celestiales» (Illatio).
PARA LA ORACIÓN
Dejamos para la oración un fragmento de la acción de gracias de la misa en rito hispano-mozárabe (Illatio).
«Cristo, infatigable fortaleza de los mártires, cuanto más atroces son los tormentos que les aplican los crueles verdugos, mayores son las fuerzas que tú les concedes para triunfar, proporcionando tanta gloria a tus santos como desesperación a sus adversarios. Por el mismo acto de justicia reciben los infiernos al juez sanguinario y los cielos al varón inocente.
Así se explica que Lorenzo, mientras se va quemando, tenga la fortaleza suficiente para lanzar al rostro del carnicero la burla de que si le agrada el majar, ya puede comerlo porque está asado. Con estas palabras, dando a los fieles ejemplo de cómo hay que despreciar a la muerte, encomendó al Padre su alma victoriosa, y tras el sudor de la batalla, refrigerado en el abrazo de Cristo, descansa a la sombra del ara celestial» (Illatio)



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Por aquél gocemos de la madurez de juicio propia de los ancianos; por éste, ocupando nuestros puestos en la lucha vigorosa de las liviandades. Así Sixto podrá ofrecernos para ser santificados en tu altar y seremos dignos de recibir de manos de Lorenzo el cáliz de salvación para el perdón de los pecados» (Alia).
La narrativa característica de las oraciones hispano-mozárabes nos lleva a escuchar en ocasiones no solo aspectos teológicos o espirituales de la vida de los santos sino también anecdóticos o históricos; de ellos sale una reflexión espiritual. Tal es el caso de San Lorenzo y la anécdota de su martirio en que el mismo advierte que su cuerpo ya se ha quemado por un lado y es hora de que se queme por el otro: «Lorenzo exhaló su espíritu entre las llamas, después de advertir que dieran vuelta a su cuerpo asado en la parrilla» (Post Nomina). O también el dato de los días que separaron los martirios de los Santos Lorenzo y Sixto: «Pues aunque hubiera intervalos de dos o tres días en sufrir el martirio según tú lo fuiste disponiendo, lució en ellos la misma fe valerosa para alcanzar el trofeo de las promesas celestiales» (Illatio).
PARA LA ORACIÓN
Dejamos para la oración un fragmento de la acción de gracias de la misa en rito hispano-mozárabe (Illatio).
«Cristo, infatigable fortaleza de los mártires, cuanto más atroces son los tormentos que les aplican los crueles verdugos, mayores son las fuerzas que tú les concedes para triunfar, proporcionando tanta gloria a tus santos como desesperación a sus adversarios. Por el mismo acto de justicia reciben los infiernos al juez sanguinario y los cielos al varón inocente.
Así se explica que Lorenzo, mientras se va quemando, tenga la fortaleza suficiente para lanzar al rostro del carnicero la burla de que si le agrada el majar, ya puede comerlo porque está asado. Con estas palabras, dando a los fieles ejemplo de cómo hay que despreciar a la muerte, encomendó al Padre su alma victoriosa, y tras el sudor de la batalla, refrigerado en el abrazo de Cristo, descansa a la sombra del ara celestial» (Illatio)



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